Colossal (Vigalondo, 2017)
Hace un par de días vi la película de Colossal (2017) drigida por Nacho Vigalondo y protagonizada por Anne Hathaway (Gloria) y Jason Sudaikis (Oscar) la cual es objeto de las reflexiones acerca del peso del ser y, en particular, lo monstruoso como su exceso que expondré en las siguientes líneas.
Introducción
Para comenzar a aproximarnos a la filosofía detrás de este filme, necesitamos primero considerar su argumento principal. Gloria es una mujer en sus treinta, desempleada, quien vive en Nueva York con su novio Tim (Dan Stevens). Muy pronto en la historia podemos ver que Gloria lleva una vida sumamente nihilista y vacua de sentido la cual se manifiesta en un alcoholismo moderado pero persistente. Como suele pasar con las personas que viven de esta manera, es de inmediato aparente que Gloria está completamente fastidiada por la irrelevancia percibida de su existencia. En otras palabras, carece de todo sentido y propósito en su vida. Derivado de esto, la primera fractura llega cuando Tim la corre del apartamento que comparten por lo que ella, estando sin dinero, se ve obligada a regresar a su pueblo natal (Mainhead) y la casa, ahora desocupada, de sus padres.
Pocos días después de su llegada a Mainhead Gloria se reencuentra con un viejo amigo de su infancia, Oscar, quien la invita al bar del que es dueño para platicar y ponerse al corriente de sus vidas. Desde que llega al bar se nos muestra como este recinto provoca ciertos sentimientos claustrofóbicos para Gloria ya que se sabe dependiente del alcohol y sin control alguno sobre su consumo (y las acciones que comete estando ebria). A pesar de esto, sin embargo, la protagonista decide entregarse al placer de la bebida y la charla superflua como tantas veces antes lo ha hecho. Naturalmente, esta primera reunión termina con Gloria regresando a la mañana a su casa absolutamente frustrada y decepcionada de sí misma mientras carga a sus espaldas (mientras transita un parque) con un colchón inflable que acababa de comprar el día anterior (la carga de este bien podría representar el peso exacerbado que contra intuitivamente provoca el vacío del sentido).

Hasta este punto de la historia los caminos narrativos pareciera que se cierran. Intuimos que Gloria seguirá bebiendo y tomando malas decisiones durante su estancia en Mainhead y sencillamente su existencia nihilista continuará, pero ahora en otra geografía. Sin embargo, todo cambia con la aparición de un monstruo en Seúl, capital de Corea del Sur.
El monstruo
Varias horas después de haber regresado del bar, Gloria despierta en la casa de sus padres y, claramente con resaca, se entera por medio de una amiga que un monstruo gigante apareció en Seúl causando terror generalizado y daños materiales a la ciudad. Aquí es clave la reacción exacerbado terror de Gloria al ver al monstruo en internet. Uno llega a tener la impresión de que su miedo es incluso injustificado al encontrarse ella tan lejos de su objeto. Aquí es donde encontramos una de las primeras consideraciones filosóficas de la película que sólo podemos aprehender desde una mirada simbólica (para saber más de esta mirada léase el primer apartado de mi ensayo MEN (Garland, 2022) El terror de Eva).
El miedo de Gloria hacia el monstruo se puede leer como el terror de la emergencia de lo Otro incognoscible. Con esto nos referimos a aquel plano existencial del cual emergen esos Otros que no podemos aprehender mediante lenguaje ni razón. Y es que el poder nombrar algo, en un sentido metafísico, significa aprehenderlo en nuestras redes de razón y sentido. Recordemos aquella idea antigua en la que el saber el nombre de una divinidad (eso Otro) da poder sobre este. Un ejemplo claro de esta idea es la creencia católica de que el conocer el nombre de un demonio le da el poder al exorcista de expulsarlo (El Conjuro 2 (2016) de James Wan construye gran parte de la historia alrededor de esta creencia).
De la misma forma y en viceversa, todo aquello que no podemos entender y, por lo tanto, nombrar, se nos presenta como un monstruo. Aquellas criaturas y fenómenos que escapan de nuestras redes lingüísticas y se mantienen inconquistables por la razón humana. Es el terror que causa la confrontación con lo Real monstruoso el que refleja la raección de Gloria ante la criatura de Seúl. La protagonista no teme que este lo vaya a seguir hasta Mainhead, se aterroriza al percatarse de que existe este Otro monstruoso violentamente independiente a todo control humano ante el cual, tal como vemos en el fotograma de abajo, pierde todo lenguaje.

Lo monstruoso como exceso del ser
Más tarde, ese mismo día que el monstruo aparece por “primera vez” en Seúl, Gloria termina bebiendo hasta el amanecer junto con Oscar y sus amigos en el bar de este. De camino a su casa la encontramos en el mismo parque (y a la misma hora) que la mañana anterior cuando decide marcarle a Tim para platicar. Se intuye aquí que lo que buscaba llamándole a Tim era un cierto sentido de familiaridad y consuelo ante el terror que el monstruo y su propia vida le ocasionan. Tim, al percatarse que se encuentra ebria, decide terminar la llamada ante lo que Gloria no puede evitar arrojar su teléfono en frustración.
Horas después, estando en el bar donde ahora ya trabaja como mesera gracias a la “cordialidad” de Oscar, Gloria ve por la televisión la más reciente emergencia del monstruo el cual, para su gran sorpresa, parece imitar los movimientos de brazos que ella realizó unas horas antes al platicar con Tim. El monstruo tiene una mano a la altura de su oído derecho similar a como si estuviera sosteniendo un celular y segundos después pareciera lanzar un “objeto invisible”. Esta increíble coincidencia hace que Gloria investigue un poco más y vea el avistamiento del día previo y, para su sorpresa, esa noche en Seúl el monstruo parecía cargar con algo a sus espaldas de la misma manera que ella cargaba con su colchón inflable.

Para comprobar lo que, muy a pesar de su sentido común, Gloria intuye (que de alguna forma sus movimientos corporales se reflejan en los del monstruo) decide hacer una prueba en el mismo parque donde cargó con su colchón y habló con Tim haciendo un conjunto de movimientos explícitos para luego revisar si el monstruo los replicaba. Para su terror, la criatura realiza exactamente los mismos gestos en la capital surcoreana. Con esto Gloria confirma que, en efecto, su presencia en aquel parque de Mainhead a las 8:05 hrs representa la aparición del monstruo en Seúl a las 20:05 horas y cualquier movimiento que ella realice será replicado por la criatura.

El comprobar que su existencia y, sobre todo, sus acciones, están ligadas a la del monstruo, representa lo que yo llamo exceso de ser. Este exceso se deriva del hecho de que una criatura tan insignificante en términos materiales y existenciales como un ser humano, de un momento a otro adquiera una significación monstruosa (tanto en sentido figurado, como en el caso de la Colossus, literal) el cual el espíritu humano no está capacitado para cargar.
Si bien se intuye lo excesivo del ser en la encarnación del espíritu humano (Gloria) en lo monstruoso (criatura de Seúl) la película nos ilustra a detalle sus implicaciones reales cuando la protagonista decide demostrarle a Oscar y sus amigos lo que ha descubierto.
Encarnación de lo monstruoso
Estando ahora segura del vínculo entre su ser y el del monstruo, Gloria decide llevar a Oscar y compañía al parque a las 08:05 am hora local para hacerles una demostración del mimetismo motriz entre ambos. Para esto, la protagonista se ubica en el lugar de emergencia (caja de arena) del parque y comienza a moverse mientras sus amigos ven en vivo y directo como el monstruo aparece en Seúl y comienza a replicar todos los movimientos de Gloria. Como cabría esperarse, les cuesta creer lo que ven.
Hasta este momento, la escena aparenta no ser más que un momento de diversión y asombro. Gloria disfruta del poder compartir su nueva condición existencial con sus amigos e incluso, de manera burlesca, finge que boxea cuando, desde Seúl, el ejército surcoreano comienza a disparar proyectiles contra su forma monstruosa. Es en medio de esta mofa en apariencia inofensiva cuando, sin querer, Gloria impacta con su brazo monstruoso contra un helicóptero el cual termina estrellándose en la cabeza de la criatura. Al percibir el dolor de este impacto en su cuerpo humano, pregunta a sus amigos qué fue eso y estos le dicen lo que sucedió, a lo que ella, asustada, ingenuamente pregunta: “¿Con piloto y todo?”. El silencio de sus acompañantes es respuesta suficiente.
Habiendo perdido toda alegría y ahora ansiosa al percatarse que, de manera indirecta, ha provocado la muerte de seres humanos, Gloria comienza a perder la compostura mientras busca de manera desesperada una forma de salir del trance y hacer que su monstruo deje las calles de Seúl. En medio de este frenesí y temiendo que cualquier mínimo movimiento que haga arrebate la vida de más personas, se tropieza y cae al suelo perdiendo el conocimiento.
Horas más tarde, Gloria despierta horrorizada al recordar lo sucedido y, mientras rompe en llanto, le pregunta a Oscar cuántas personas murieron a causa de su caída, a lo que Oscar responde: no muchas. La protagonista entra en pánico y desesperación ante la inmanejable culpa que le provoca al saber el trágico efecto de sus acciones. Es tal su culpa, que comienza a ponerse sus zapatos con el fin de dirigirse a la policía y entregarse por lo que ella considera un imperdonable crimen. En medio de esta empresa, Oscar le incita a que se calme diciéndole que no sabe aún todo lo sucedido aquella mañana a lo que ella responde: “¡Sí sé qué sucedió! Maté a muchas personas porque estaba actuando como una borracha idiota ¡De nuevo!”
Vale la pena que nos detengamos un momento en analizar las últimas escenas recién narradas las cuales representan el sufrimiento de un ser-humano de un ser-monstruoso. Hasta antes de aquella fatídica caída, Gloria sólo era familiar con el dolor de la ausencia de significado (nada de lo que hago puede llegar a importar) pero al cometer un acto tan transgresivo como el asesinato de seres humanos como resultado de una acción que debiera ser infinitamente insignificante como una caída, Gloria ahora conoce el dolor del exceso de significado (lo que hago puede llegar a importar demasiado). La fábula de esto por supuesto es que, a pesar de lo mucho que de manera innata deseamos que nuestra vida importe o tenga peso en el mundo, pocas veces pensamos lo horroroso que sería que, siendo las criaturas que somos, toda nuestra existencia, de un momento a otro, fuera magnificada. Siendo más concretos, podemos leer esto como a Gloria pidiendo que su vida signifique más y, al significar demasiado, ahora pidiendo que signifique menos, mucho menos.
Entonces, el exceso del ser como lo monstruoso es retratado en la película con la caída de Gloria y sus injustificadas (en un plano ontológico) consecuencias. Sólo pensemos en lo injusto que fue tanto para las víctimas como para Gloria el que una caída al otro lado del mundo se tradujera en muerte masiva. ¿Quién en su sano juicio aceptaría ser tanto siendo al mismo tiempo tan poco (en términos existenciales) como lo es un individuo humano? En otras palabras, las consecuencias de las acciones de Gloria son monstruosamente injustas contra el ser-humano.
Los dos monstruos
Para este punto de la historia, es más que evidente la pesadilla del exceso del ser para quien desea ser menos o en proporción a su existencia. Sin embargo, la película nos presenta un segundo escenario dentro de la narrativa: ¿Qué sucede cuando no se huye de ese exceso del ser, sino que se abusa de él?
Recapitulando brevemente, recordemos que unos párrafos antes abordamos la escena en que Oscar le dice a Gloria que no sabe todo lo que sucedió cuando se cayó. Bueno, después de la respuesta desesperada de Gloria, Oscar le insiste que no, que no sólo murieron no muchas personas, sino que un segundo monstruo emergió en la forma de un robot. Ese robot no es nadie más que la forma monstruosa del mismo Oscar.

Al contrario de Gloria, Oscar no parece estar en lo mínimo consternado por su forma robótica. Mientras la primera incluso prepara un mensaje de disculpas en coreano para que su monstruo lo escriba en la arena de Seúl, Oscar simplemente parece indiferente a su nueva condición existencial. Esto se explicita cuando un par de días después, Gloria encuentra a Oscar vacilando con su ser-robótico en la caja de arena por el mero placer que le trae. Completamente ajeno al riesgo que conlleva jugar con aquello (como Gloria, trágicamente aprendió).
En gran medida por el miedo de que ocurran más muertes, Gloria confronta, tanto en la caja de arena como en Seúl, a Oscar y le ordena que salga de ahí. La escena que en Mainhead luce únicamente como una mujer hablando con un hombre, en Seúl se manifiesta como el monstruo diciéndole al robot que deje en paz a la ciudad. Ante este gesto, se escuchan porras y celebraciones en el vecindario de Mainhead ante el heroico actuar del monstruo de Gloria.

Ante esta confrontación por parte de Gloria, Oscar se niega rotundamente a obedecer y Gloria no puede evitar darle una bofetada en frustración. Sobra decir que la bofetada fue en Mainhead mientras que en Seúl fue un connato de una pelea entre monstruos. Oscar, claramente molesto y frustrado ya que, a pesar de que en Seúl se esperaría que un robot peleara contra un monstruo, en Mainhead (en el mundo del ser-humano) el que un hombre agreda a una mujer es sencillamente inaceptable. En consecuencia, Oscar desiste y se retira de la caja de arena y no le queda más opción que vengarse en proporciones humanas haciendo que Gloria trabaje horas extra en su bar. A partir de esta escena, el antagonismo entre monstruo (Gloria) y robot (Oscar) queda establecido.
Desde un primer momento, se identifica que este enfrentamiento retrata la colisión de filosofías ante el exceso del ser. El lado humanitario reconoce la violencia y peligro en este exceso y busca suprimirlo, huir del monstruo para mantener su humanidad mientras que el lado tiránico busca activamente convertirse en el monstruo. Aquí llegamos a una consideración filosófica profunda: El ser humano es el que teme al monstruo mientras que el ser tirano lo integra. En otras palabras, sólo el villano disfruta de su monstruosidad mientras que el héroe si bien la reconoce, procura mantenerla a raya, sin manifestar.
El lector perspicaz seguramente ya se ha dado cuenta que el monstruo al que me refiero en el párrafo anterior no es el que nos retrata la película, sino el monstruo del mal que existe dentro de cada uno de nosotros. Con esto no me refiero a una entidad religiosa como el demonio o Lucifer, sino al inherente potencial que todo ser humano tiene a realizar el mal; a volverse un monstruo, o, en términos políticos, un tirano. El ejemplo claro de esto son las diferentes reacciones que cada individuo puede llegar a tener cuando se percata que puede hacer daño a otros. Es la típica escena de cualquier película que presente un antagonismo entre dos personajes en la cual, siendo niños, uno de ellos disfruta el lastimar a un animal (por decir un ejemplo) mientras que el otro plots por haber hecho el mismo daño. Uno goza de poder ser monstruo siendo humano mientras que otro le aterroriza dejar de ser humano y convertirse en monstruo. La historia entre Oscar y Gloria no podría ilustrar esta idea de manera más clara.
El verdadero rostro del monstruo
En la recta final de la historia, se nos ilustra aún más las ideas presentadas en el apartado anterior. Si bien tanto Gloria como Oscar se reservan de no volver a la caja de arena y adoptar su forma monstruosa, se nos revela la monstruosidad dentro de Oscar. Esto se manifiesta mediante una agresividad no física de este ante Gloria abusando Oscar de su posición como su empleador. El punto de quiebre llega cuando Tim va a Mainhead buscando a Gloria y le pide que regrese con él a Nueva York. Oscar se entera de esto y la amenaza diciendo que, si renuncia a su trabajo en el bar o si se va con Tim, cada mañana irá a la caja de arena y, citando sus palabras, “destruirá un vecindario entero”.
Yendo un paso más allá con el fin de asegurarse de que Gloria no se vaya de Mainhead, Oscar va a su casa y pretende quedarse ahí para básicamente mantenerla cautiva. Es en este momento cuando Gloria se percata de la verdad acerca de la monstruosidad de aquel que consideraba un amigo y lo encara diciéndole:
Gloria: Te odias a ti mismo.
Oscar: ¿Qué?
Gloria: Pensaba que era algo más; que querías hacerme tuya o poseerme, pero no, es mucho más sencillo que eso. Te odias a ti mismo.
Oscar: ¿De qué hablas?
Gloria: No puedes soportar que tu vida se sienta tan pequeña. Es así de sencillo y triste.
Habiéndose percatado del carácter patético del monstruo que es Oscar, para su escarmiento, decide marcarle a Tim enfrente de este y decirle que sí se irá con él al día siguiente. En ese instante, por televisión, suena la alarma de Seúl que advierte la hora en que suelen emerger las criaturas. Esto lleva a una pelea física entre ambos la cual terminan en la caja de arena donde Oscar procede a, sin reserva alguna, apalear a Gloria y, no sólo eso; Habiéndola sometido a golpes, Oscar le dice: “Oye, puedes ir a casa si quieres. Regresa a Nueva York. Es totalmente tu decisión. Pero cada mañana que no estés aquí, pasará esto. A lo que procede a propinar numerosos pisotones sobre la arena los cuáles se traducen en la destrucción masiva de las calles de Seúl. Gloria no puede hacer más que ver con horror.

En este punto, la monstruosidad dentro de Oscar se nos ha revelado por completo. Aun cuando para el mundo, el monstruo está en Seúl destruyendo la ciudad, nosotros sabemos que el verdadero monstruo está en un pueblito de Nueva Inglaterra caminando sobre una caja de arena. El caos en la capital surcoreana no es más que una magnificación del verdadero monstruo el cual, aun siendo consciente del peso de su ser, del exceso de su ser, actúa sin ninguna consideración ante este. Es aquí donde la película nos presenta el segundo nivel del horror del exceso del ser.
El primero fue el que cada acción, por significante que sea, pueda traducirse en consecuencias absolutamente desproporcionales. El segundo nivel es el que usa el exacerbado peso de su ser para su propio micro-beneficio. Recordemos que la única razón por la que Oscar destruye la ciudad es para evitar que Gloria se vaya. Es esta la monstruosidad de conseguir los fines propios (los cuales no significan nada a comparación de una ciudad llena de almas) mediante el abuso del exceso del ser. Al hacer esto, la desproporción entre ambos seres (monstruo y humano) se instrumentaliza y gana tintes viles al ser abusado con plena consciencia.
¿Qué puede hacer ahora Gloria? ¿Cómo derrotar a ese monstruo en Mainhead que sólo ella conoce? La respuesta le llega mientras observa un mapa del mundo de cabeza (la posición es importante) en el cual dibujó la línea que une a Seúl con Mainhead.

El antídoto a la monstruosidad
Posterior al avistamiento del mapa, vemos a Gloria dejando Mainhead y tomando un vuelo a un destino que nos es desconocido. Lo único que es evidente es que ha tenido una idea. En paralelo, vemos a Oscar esperando a un lado de la caja de arena a que den las 08:05 am para, evidentemente, cumplir con sus amenazas. Es en este punto que finalmente se nos revela que Gloria voló a Seúl y que su idea todo este tiempo fue la de llevar a su monstruo a Mainhead. Se infiere entonces que, ante la vista del mapa invertido, Gloria intuyó que, si al pararse en Mainhead el monstruo aparece en Seúl, entonces al estar en Seúl, el monstruo emergerá en Mainhead y que, sólo encarnando su monstruosidad frente a Oscar, es que podrá derrotarlo. Lo cual, en efecto, consigue.

La fábula aquí es clara: sólo un monstruo puede vencer a otro monstruo. Si bien durante toda la película Gloria huyó de su forma monstruosa, esta misma monstruosidad se presentó como el único antídoto ante Oscar, el monstruo. Reflexionando más a profundidad, el desenlace pareciera postular que lo verdaderamente monstruoso está dentro de nosotros, los humanos y que la monstruosidad del ser sólo es relativa al ser mismo. Es decir, si bien el exceso del ser es de carácter monstruoso, los monstruos (las encarnaciones de lo monstruoso) se dan mediante el ser humano mismo (sus ambiciones, odio, violencia). Esto es lo mismo que decir que, a pesar de que tanto Oscar como Gloria se enfrentaron a lo monstruoso del exceso del ser, sólo Oscar lo encarnó, sólo él era un monstruo y lo era incluso antes de que su ser fuera excedido (el robot emergiera en Seúl) mientras que Gloria, a pesar de su forma monstruosa, nunca dejó de ser- humano.
Hemos ya presentado las principales ideas abordadas en Colossus, sin embargo, la escena final de la película merece ser también analizada ya que nos presenta una última reflexión de cierre.
Desenlace
Habiendo derrotado a Oscar, vemos a Gloria entrando a un pequeño local donde toma asiento en un banco justo enfrente del bar. La encargada le pregunta si vio lo que le acaba de suceder al robot, pero Gloria no puede evitar romper en llanto. Aquí asumimos que este llanto es tanto de alivio (al haber acabado la pesadilla) como posiblemente de pesar por haber matado a Oscar (ya que si algo nos queda claro en toda la historia es que Gloria es sumamente afectada por cualquier daño que provoca). Entonces ocurre el siguiente diálogo:
Encargada del lugar (hacia Gloria): ¿Estás bien?
Gloria (Sin decir palabra, asiente con la cabeza).
Gloria de nuevo (ahora sonriendo con los ojos aún lagrimeando): ¿Quieres oír una historia asombrosa?
Encargada del lugar (sonriendo): Por supuesto… ¿Quiere algo de tomar?
El rostro de Gloria se torna en completa desazón y emite una exhalación de hastío.
FIN DE LA PELÍCULA

Esta última escena de Colossus es un oportuno subrayado acerca del ser. Gloria, feliz y habiendo superado la monstruosidad del exceso del ser, del ser “de más” cae en profunda desilusión cuando, ante el ofrecimiento de la encargada, se enfrenta ahora al peso de su ser-humano, de su ser-alcohólica el cual no sólo no ha superado, ni siquiera tiene idea de cómo hacerlo.
La desilusión de Gloria funciona como una reivindicación del peso del ser-humano (del ser no excedido). Es decir, junto con Gloria, los espectadores recordamos, habiendo dejado atrás lo monstruoso, el peso proporcional del ser-humano el cual, ante la ausencia de todo exceso, se presenta como una carga nada ligera, nada insignificante.
Es decir, lo monstruoso puede hacernos olvidar por un momento el peso del ser-humano, pero no nos exime de él y, yendo un paso más allá, muy frecuentemente estamos más dispuestos a lidiar con los grandes monstruos antes que con las pequeñas pero profundas fracturas de nuestro ser-humanos como las adicciones u otros conflictos. Ya que la cura de estos es mucho más difícil de encontrar que el mismo antídoto a los monstruos (que es nuestra propia monstruosidad como hemos expuesto) y, yendo más allá, ni siquiera los mismos monstruos son inmunes a estas fracturas del ser-humano como el alcoholismo y odio propio de Oscar nos lo ilustra.


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