MEN (Alex Garland, 2022)

El terror de Eva

Este texto tiene como tema la película que lo titula acerca de la cual quisiera hacer un par de reflexiones. En particular sobre el tipo de miedo que infiere. Me parece que vale la pena pensar acerca de ello ya que creo que hay que ver esta obra con una mirada específica (no convencional) para comprender plenamente sus intenciones. El tipo de mirada que nos demanda Garland es el del ojo simbólico. Con esto me refiero a aquella lectura que se hace entorno al meta-significado de lo mostrado, ir más allá de lo aparente y leer los elementos en relación con el tema más que con las escenas particulares. Elaboremos esta idea.

1. El ojo simbólico y la idea

El tema de una película es aquel mensaje universal que la historia particular intenta reflejar. Por poner un ejemplo, un tema clásico es el del bien contra el mal el cual ha sido representado en infinidad de formas (historias) diferentes y, más allá de eso, sus posibilidades formales son inagotables. Así como llevamos siglos como humanidad contando este tema, lo seguiremos haciendo hasta el último suspiro de nuestra existencia. Como el bien vs mal, hay otros temas atávicos del ser humano los cuales inspiran todas las historias que contamos (lo bueno corrompido por lo malo, la obsesión de un sueño, el rencor de un alma en pena, etc.). 

¿Por qué es importante tener en mente el tema de MEN (o cualquier otra película)? Su relevancia radica en que cada escena y elemento en ella sólo puede leerse de manera adecuada en relación con su tema. Esto debido a que cada uno de estos inherentemente conllevan ciertas limitaciones en la forma que pueden tomar. Lo que quiero decir es que cada idea (las ideas son la esencia de todo tema) se presta únicamente para ciertas formas específicas y se niega a otras. Por poner un ejemplo, la idea del odio, al estar tan ligado al mundo material (el que odia activamente busca el daño del odiado) es lo suficientemente flexible para ser representada / formada en la pantalla de múltiples maneras (desde una mirada hasta una agresión física). Algo similar pasa con la idea de la obsesión que, así como el odio, está sumamente aunada al mundo sensible / material (el obsesivo desea lo obsesionado). 

Sin embargo, hay otro tipo de ideas que su misma constitución limita sus formas de expresión (o explícitamente las niega)hasta que llega el artista que averigua su latencia oculta o la moldea cual materia prima. En estos casos es cuando el ojo simbólico es demandado al espectador por el artista ya que la idea está representada de una manera específica y no común a la mentalidad colectiva (insólita). Es como si el artista dijera a la audiencia: “esto jamás se ha dicho, léelo recordando que la idea de la que nace lo que digo es X”. Es necesario la conjunción del ojo simbólico la consciencia de la idea para que esta pueda emerger en la idea del espectador.

Habiendo presentado el ojo simbólico y su relación con la idea es hora de entrar de lleno al filme de Alex Garland.

2. MEN. Una lectura simbólica

La película nos cuenta la historia de Harper Maslowe, una mujer entrada en sus treinta quien decide salir de la ciudad y rentar una casona en el campo después de presenciar la muerte de su esposo. El lugar en primera instancia aparenta ser un lugar idílico donde un alma atormentada como la de Harper pueda comenzar a sanar. La casa es grande, rústica y llena de detalles artísticos que retratan la añoranza de todo ser humano al paraíso o Edén. Lo único que detectamos como fuera de lugar es al casero Geoffrey cuyas cortesías más que confortar, perturban. Este es el primer elemento clave para comenzar a identificar la idea: “la única fuente de peligro en aquel paraíso es el hombre”. 

Relativo a esto, un detalle que no podemos pasar desapercibido es cuando Geoffrey le muestra el piano de la sala y le pregunta a su inquilina si sabe tocar el piano a lo que Harper responde que no. Este diálogo es importante ya que más adelante en la historia descubrimos que es mentira y que Harper en realidad sí toca el piano. Ante esta revelación podemos concluir una segunda tensión relativa a la figura del hombre: “Harper mintió para que este no le pidiera que tocara. La mujer temía lo que el hombre pudiera pedirle hacer”. Después de haberla dado un breve tour por el lugar, Harper finalmente logra tener la casa para sí sola el cual representa el primer momento de paz para la protagonista. Esta tranquilidad sin embargo comienza a desquebrajarse a partir de un paseo por el bosque. 

Mientras Harper exploraba el hermoso paisaje alrededor de la casa (Alex Garland parece inclinado a desarrollar el terror en medio de paisajes hermosos tomando en cuenta otras de sus películas como Ex Machina y Anihilation) llega a un túnel abandonado de aproximadamente quinientos metros de largo. Después de pasar unos minutos jugando con su voz y el eco de la estructura, del otro lado del túnel vislumbra una sombra masculina. Este avistamiento evidentemente la perturba debido a que emerge en medio de un escenario oscuro y desolado el cual la vuelve vulnerable a un ser físicamente superior y ajeno a ella como sólo el hombre puede ser ante la mujer. Harper decide huir de vuelta a la casa cuando esta sombra comienza a correr frenéticamente hacia ella.

Habiendo perdido el rastro a su perseguidor, nuestra protagonista reencuentra nuevamente la calma cuando llega a una planicie (aquí se contrasta lo amenazador de lo cerrado contra la seguridad de los abierto) en donde no parece haber nadie más que ella. La ilusión de seguridad sin embargo es absolutamente violada cuando Harper vislumbra a un hombre pálido completamente desnudo mirándola a unos cientos de metros de ella. No hace nada, no habla, no se mueve, sólo se mantiene erguido y sin ropa dejando al descubierto su atributo más terrorífico, su pene.

2.2 El miedo de Eva

El hombre desnudo puede leerse como el Adán y el miedo que le confiere a Harper yo lo llamo el miedo de Eva. Este es terror del cual no había pensado ni oído al respecto antes pero que hace gran sentido. Imaginemos por un momento el miedo que pudo haber experimentado Eva después de haber emergido en el Edén. Lanzada a un mundo desconocido pero que encuentra hermoso hasta que se encara con ese otro del cual cuelga un miembro que ella no tiene. Donde ella porta una cavidad (vagina) este otro que la observa porta una protuberancia (pene).  Este es el miedo de que haya algo donde se esperaba no hubiera nada. Me parece que esto es lo que la emergencia del hombre en el túnel representa. La violencia inherente del hombre que penetra con su algo el vacío de la mujer. Pero ahí no acaba la pesadilla de Eva, porque no sólo se encara a ese otro que la puede penetrar, sino a otro quien se obsesiona por penetrarla. Pensemos un momento el terror de estas condiciones existenciales: la mujer impotente biológica y fisiológicamente de evitar su penetración. Esta latente transgresión a su ser por el otro alienígena (hombre) es lo que defino como el miedo de Eva el cual es significado por Garland a través del Adán que Harper ve en la planicie.

2.3 La culpa de Eva

Habiendo explorado el miedo de Eva, ahora llegamos a una segunda geografía del psiquismo de la primera mujer, esto es la culpa de Eva. En Génesis 3:11 Dios cuestiona a Adán cuando se percata que este se ha hecho consciente de su desnudez:

“¿Y quién te ha hecho saber que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del cual te mandé que no comieras?” (Gn 3:11, NVI)

A lo que Adán, avergonzado y tratando de justificarse, culpabiliza a Eva:

“[…] La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí.” (Gn 3:12, NVI)

La respuesta de Adán conlleva un significado sumamente profundo a pesar de aparentar ser una réplica que cualquiera con temor a Dios podría dar. El hecho es que el pecado original fue realizado tanto por hombre como mujer, ambos comieron del fruto prohibido. Sin embargo, y esto es importante, a quien primero Dios le rinde cuentas por ello es al hombre quien a su vez culpa a la mujer y de manera indirecta, al mismo Dios cuando se refiere a Eva como la mujer que me diste. Uno sobreentiende en estas palabras que Adán reprochaba a Dios de haberle entregado a Eva y haberlo hecho vulnerable. 

Esta idea de la mujer como tentación sigue hoy en día igual de vigente que desde los tiempos bíblicos. De manera latente el hombre se sabe vulnerable a la mujer, a sus poderes de seducción detrás de los cuáles, el hombre busca justificaciónUno sólo puede imaginar que después de la expulsión del Edén, Adán quizá vivió el resto de sus días reprochándole a sus adentros (o explícitamente) a Eva el haberle dado el fruto prohibido. Incluso podemos pensar que también vivió reprochándole a Dios mismo el que le haya dado a Eva, pensando: “Si no hubiera sido por la mujer, seguiría en el paraíso”. La Biblia no nos dice si Adán finalmente asumió su responsabilidad en la caída o no.

Sin adentrar más en especulaciones acerca del destino psicológico de los primeros seres humanos bíblicos, lo importante es que reflexionemos acerca de cómo la culpa de Eva sigue viva en cada hombre. Esto lo ilustra a la perfección Garland con el personaje del vicario quien conversa con Harper después de que ella estalla en llanto dentro de la iglesia al recordar la muerte de su esposo. En este recuerdo, se nos revela que James, el esposo de Harper, la amenazó diciéndole que se suicidaría si ella lo dejaba. Y no sólo eso, explícitamente le dijo que ella tendría que cargar el resto de su vida con la consciencia de haberle provocado el suicidio. En otras palabras, “si muero, será por tu culpa”. El desacuerdo escala llegando a James propinándole una bofetada a Harper. La agresión la lleva a la histeria y comienza a gritarle que, si se quiere matar, que lo haga, que no le importa en lo más mínimo y lo expulsa de su departamento. Acto seguido, Harper ve a James mientras cae desde el piso superior, caída que le representaría la muerte. 

Esta misma escena que el espectador ve, es narrada, de manera resumida, por Harper al vicario. Sin embargo, en lugar de encontrar compasión por parte del religioso, este la culpabiliza de la muerte de James: “Si lo hubieras disculpado, el seguiría vivo” e incluso, se atreve a afirmar “los hombres le pegan a las mujeres, eso sucede (es normal)”. Es mediante este diálogo del vicario donde Garland representa la culpa de Eva: el hombre no hubiera hecho lo que hizo (no moriría), si no hubiera sido por la influencia de la mujer. 

Sólo hace falta que pensemos en la típica historia donde el hombre en falta (usualmente infiel) le echa la culpa al objeto de su pecado, a su amante, por haberlo provocado caer. Incluso muchas mujeres que son ofendidas de esta manera por su pareja llegan a culpabilizar más a su congénere femenina que al propio hombre a quien le correspondía mantener su compromiso con ella. 

La culpa de Eva es la segunda faceta del terror existencial de la mujer. No sólo es vulnerable a las transgresiones del otro,sino que incluso es culpable de las propias transgresiones de este. Es el miedo de ser sujeta responsable de la autodestrucción masculina e incluso de la agresión de este al femenino. La forma en que Garland nos indica que esta culpa es complemento del miedo primigenio, es con el asombroso parecido entre el vicario y el hombre desnudo (es el mismo Rory Kinnear quien actúa tanto de vicario como de Adán como de Geofrrey, el casero).

2.4 La maldición de Eva

Siendo primero acechada por el miedo de Eva (hombre desnudo) y después por la culpa (vicario) el terror de Harper llega a un clímax con la maldición de Eva. En Génesis 3:16 se nos dice:

“A la mujer le dijo: «Multiplicaré tus dolores en el parto, y darás a luz a tus hijos con dolor. Desearás a tu marido, y él te dominará”.  (Gn 3:16, NVI)

Como podemos ver, en este versículo Dios condena a Eva a parir en dolor y ser dominada por el hombre. Sin embargo, Garland va un paso más allá de lo dicho en la Biblia y se percata que la maldición de Eva es doble: pare con dolor y pare justamente a aquellos que la dominarán. Es decir, todo hombre nace de una mujer y estos hombres, en latencia, son victimarios futuros de la misma mujer. Aquí el terror es que la mujer pare ella misma su maldición. Garland comunica este ciclo maldito del parto en las escenas finales de la película. 

Harper se encuentra en el jardín de la casa absolutamente aterrorizada por todo lo que ha vivido cuando el hombre desnudo que la acechaba la confronta portando una máscara de hojas incrustada en su rostro. De inmediato llega lo simbólico cuando el abdomen de este Adán enmascarado se infla cual embarazada y pare (aquí es crucial que Garland representa explícitamente un parto humano en la figura del hombre) al jovencito que había ofendido a Harper momentos antes de encontrarse con el vicario (no me pareció pertinente ahondar en este hombre infante y por eso lo menciono hasta ahora). 

El niño (que es el mismo Rory Kinnear arreglado con CGI) se arrastra hacia Harper una vez parido solo para él también comenzar a sufrir de otro parto. El ser que emerge de su ombligo no es otro que el mismo vicario. Después de este segundo parto, el rostro de Harper transita del horror a la resignación. La vemos de cierta manera aceptando lo que ve y yendo al interior de la casa donde es alcanzado por el vicario quien, a su vez, comienza a parir por su espalda a nadie más que el casero, Geoffrey. Finalmente, Geoffrey pare, por su boca, a James, el ex esposo de Harper.  

Esta serie de partos representa la línea histórica de la triada de terror de Eva explicada en este texto (miedo, culpa y maldición). El primer horror es ser vulnerable ante el hombre, el segundo es ser culpada por el hombre y la tercera es ser la madre de todos los hombres, incluyendo a quienes la oprimen, en este caso, James. También el hecho de que sea James el último hombre que emerge de todas las formas de Rory Kinnear (Adán, niño, vicario y casero) nos infiere un segundo plano del terror de Eva: en todos los hombres vive un James. El terror de Eva vive latente en cada hombre. 

Garland da cierre a la obra con un diálogo magistral entre Harper y James. Harper le pregunta a James: ¿qué es lo que quieres de mí? a lo que contesta: “tu amor”. Harper no puede más que soltar una risa sarcástica ante tal respuesta. Aquí se interpreta claramente el ridículo masculino quien, siendo la causa del terror de Eva, desea lo más puro que le puede ser dado por ella, su amor. Me parece que la intención de Garland con este cierre fue el de expresar la ironía ridículo de la expectativa de los hombres por ser amados por las mujeres. En otras palabras, el hombre inconsciente que somete al terror a Eva espera de ella, de manera ingenua y casi automática, su amor en respuesta: quiero que, de tu miedo hacia mí, nazca amor hacia mí; quiero que me ames cuando te atormento. Y en un segundo grado aún más transgresivo, el hecho de que las mujeres, a pesar de todo, llegan a amar a los hombres como Harper a James.

3. Conclusión y pensamientos finales

MEN (Alex Garland, 2022) es una película sumamente simbólica que sólo se puede leer apropiadamente siendo conscientes de la condición existencial de la mujer en el mundo. Garland busca no sólo representar esta condición, sino mostrar lo terrorífico de la misma mediante la historia de Harper. La película nos hace percatarnos del absoluto horror que yace latente en la existencia de Eva ante Adán (de las mujeres ante los hombres). Si bien el hombre se representa como figura antagónica, no es de forma vil, sino existencial. La resignación de Harper al final de la película nos dice que, así como la mujer no puede hacer nada acerca del hombre, el hombre no puede hacer nada acerca de él mismo. 

De esta lectura, podríamos casi concluir que MEN es una tragedia (la condición existencial del hombre y mujer está condenada a la transgresión y violencia) si no fuera por la última escena de la película donde la mejor amiga de Harper llega a la casa. Cuando Harper la ve, sonríe aliviada. Esta reacción nos dice algo clave, no sólo Adán estuvo sólo hasta la aparición de Eva, Eva no conoció la compañía hasta la emergencia de la segunda mujer. El antídoto al terror de Eva es la segunda Eva.

Respuesta

  1. Avatar de Lo monstruoso como exceso del ser. – Mal de 0j0

    […] Varias horas después de haber regresado del bar, Gloria despierta en la casa de sus padres y, claramente con resaca, se entera por medio de una amiga que un monstruo gigante apareció en Seúl causando terror generalizado y daños materiales a la ciudad. Aquí es clave la reacción exacerbado terror de Gloria al ver al monstruo en internet. Uno llega a tener la impresión de que su miedo es incluso injustificado al encontrarse ella tan lejos de su objeto. Aquí es donde encontramos una de las primeras consideraciones filosóficas de la película que sólo podemos aprehender desde una mirada simbólica (para saber más de esta mirada léase el primer apartado de mi ensayo MEN (Garland, 2022) El terror de Eva).  […]

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